Vladimir Ashkenazy, piano
Los Angeles Philharmonic Orchestra
Carlo Maria Giulini
“el granjero que se levanta temprano por la mañana y se
esfuerza todo el día, que se entrega al trabajo en primavera y suda todo el verano, que crea riqueza al modelar los recursos naturales con sus músculos y su cerebro, es un hombre de empresa en la misma medida que el hombre que concurre a la cámara de comercio y especula con el precio del grano;
Los mineros que se sumergen trescientos metros
en la tierra o trepan seiscientos metros
en un acantilado
y extraen de esos recónditos lugares
los metales preciosos
que luego se derramarán por los canales
comerciales
no son menos hombres de empresa
que los pocos magnates financieros
que
en una trastienda
acaparan el dinero del mundo.
[...]
Teniendo de nuestro lado
las masas productoras
de nuestro país y el mundo entero,
sostenidos por los intereses comerciales, los intereses
laborales y los de los trabajadores de todas
partes,
responderemos
a su demandas
de patrón-oro
advirtiéndoels lo siguiente:
No podréis colocar a la fuerza una corona de espinas en la frente del trabajador, jamás crucificaréis a la humanidad en una cruz de oro.”
Paralelo 42, John Dos Passos, 1930
Fahrenheit 451
Ése fue el motivo por el que anoche acabé durmiéndome tardísimo. En mi imaginación ardían a lo lejos casas llenas de libros pintando de crepúsculo humeante el horizonte. La tenue luz que comenzaba a entrar por la ventana me indicaba que estaba amaneciendo. Que debía dejar el libro e intentar dormir. Y así hice.
Dormí, prácticamente, hasta el mediodía soñando cosas extrañas ahora olvidadas. Normalmente recuerdo detalladamente los sueños. Pero no siempre.
Llamé desayuno a lo que en realidad era la comida de mediodía. Salmón a la plancha y arroz con salsa teriyaki. Esta comida me transportó inmediatamente al mes de Julio, cuando pasé unos días en Austria. En Viena hay infinidad de puestos callejeros de comida. Y un par de veces, entre museo y museo, acabé comiendo tirado en cualquier lugar de la ciudad (escalinatas, parque…) salmón a la plancha y arroz con salsa teriyaki en un cómodo bol de cartón.
Viena.

Graben, Viena
Y con la mente ausente recordando el verano que acabó y la tentación de coger el libro e introducirme de nuevo en ese oscuro mundo donde los libros son perseguidos y las personas no hablan de nada interesante… llegó la hora de ir al conservatorio y estudiar.
Poulenc, Sonata para violín y piano.
Enfrentarse a una obra nueva tiene ciertas similitudes con viajar a un sitio desconocido. Hay mucho por descubrir. (Y por sufrir…)
4:17 AM
Insomnio.
Schumann, Fantasía Op. 17, a un volumen que se acerca a lo inaudible.
Un perro ladra ahí afuera. Otros se unen, inmediatamente.
Un coche, con el volumen de la ¿música? muy alto. Para. Alguien se baja. Gritan. Ríen. Casi huelo el alcohol.
El vecino del piso de arriba se ha levantado. Agua que corre por las tuberías (ejem).
¿Es contagioso el insomnio?
Entre los LED´s de la pantalla y yo hay una neblina de humo. Un vicio que…
Ese trino. Pletnev.
Hoy tomé tres dosis ibuprofeno. ¿Será excesiva una cuarta?
Prontuario es un buen título para usar como categoría.
Ayer terminé de leer “El túnel” de Sabato.
“Y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos…”
Ernesto Sabato, El túnel
Túneles paralelos. Tantas veces imaginarios.
“…en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío…”
Ernesto Sabato, El túnel
Túneles solitarios con “trozos transparentes” entre la piedra para asomarte al mundo, tantas veces ajeno a uno. Tantas veces desasosegante. Tantas veces hiriente. Tal vez, en ocasiones sea preferible mirar ahí afuera desde lo aséptico de nuestro túnel a través de esa especie de “ventana en el muro”, con la fría indiferencia del que observa, distante.
Pianissimo.
Todo acaba.
Schumann, vía Pletnev, vía spotify, deja un incómodo silencio.
4:52 AM

“Yo nunca veo el amanecer -dijo Marco, rechinándole la voz en la garganta-, que no me diga: «Quizás… quizás hoy.»”
”…y salió a Broadway, estruendoso, resonante de pisadas, lleno de caras que se ponían máscaras de sombra cuando salían de las manchas de luz proyectadas por los escaparates…”