Fahrenheit 451
Ése fue el motivo por el que anoche acabé durmiéndome tardísimo. En mi imaginación ardían a lo lejos casas llenas de libros pintando de crepúsculo humeante el horizonte. La tenue luz que comenzaba a entrar por la ventana me indicaba que estaba amaneciendo. Que debía dejar el libro e intentar dormir. Y así hice.
Dormí, prácticamente, hasta el mediodía soñando cosas extrañas ahora olvidadas. Normalmente recuerdo detalladamente los sueños. Pero no siempre.
Llamé desayuno a lo que en realidad era la comida de mediodía. Salmón a la plancha y arroz con salsa teriyaki. Esta comida me transportó inmediatamente al mes de Julio, cuando pasé unos días en Austria. En Viena hay infinidad de puestos callejeros de comida. Y un par de veces, entre museo y museo, acabé comiendo tirado en cualquier lugar de la ciudad (escalinatas, parque…) salmón a la plancha y arroz con salsa teriyaki en un cómodo bol de cartón.
Viena.

Graben, Viena
Y con la mente ausente recordando el verano que acabó y la tentación de coger el libro e introducirme de nuevo en ese oscuro mundo donde los libros son perseguidos y las personas no hablan de nada interesante… llegó la hora de ir al conservatorio y estudiar.
Poulenc, Sonata para violín y piano.
Enfrentarse a una obra nueva tiene ciertas similitudes con viajar a un sitio desconocido. Hay mucho por descubrir. (Y por sufrir…)
