“el granjero que se levanta temprano por la mañana y se
esfuerza todo el día, que se entrega al trabajo en primavera y suda todo el verano, que crea riqueza al modelar los recursos naturales con sus músculos y su cerebro, es un hombre de empresa en la misma medida que el hombre que concurre a la cámara de comercio y especula con el precio del grano;
Los mineros que se sumergen trescientos metros
en la tierra o trepan seiscientos metros
en un acantilado
y extraen de esos recónditos lugares
los metales preciosos
que luego se derramarán por los canales
comerciales
no son menos hombres de empresa
que los pocos magnates financieros
que
en una trastienda
acaparan el dinero del mundo.
[...]
Teniendo de nuestro lado
las masas productoras
de nuestro país y el mundo entero,
sostenidos por los intereses comerciales, los intereses
laborales y los de los trabajadores de todas
partes,
responderemos
a su demandas
de patrón-oro
advirtiéndoels lo siguiente:
No podréis colocar a la fuerza una corona de espinas en la frente del trabajador, jamás crucificaréis a la humanidad en una cruz de oro.”
Paralelo 42, John Dos Passos, 1930