Los pasos perdidos

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  • Leyendo “Manhattan Transfer” de John Dos Passos

    5 de septiembre, 2011

    Escrito por: ant

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       “Yo nunca veo el amanecer -dijo Marco, rechinándole la voz en la garganta-, que no me diga: «Quizás… quizás hoy.»”

     

     ”…y salió a Broadway, estruendoso, resonante de pisadas, lleno de caras que se ponían máscaras de sombra cuando salían de las manchas de luz proyectadas por los escaparates…”

    Libros

    John Dos Passos, Manhattan transfer

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  • Septiembre

    5 de septiembre, 2011

    Escrito por: ant

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    Para mí, que me dedico a la enseñanza, septiembre es el principio “real” del año. Todo comienza. Todo se pone en movimiento. El aletargamiento veraniego se acaba y sientes una especie de dolor imaginario que no es más que el vértigo de lo que está por venir y el adiós a los días fáciles de calor insoportable.

     

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    septiembre

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  • El silencio

    24 de agosto, 2011

    Escrito por: ant

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    Dormir no debería ser tan necesario.

    Hay noches que estar despierto se convierte en una necesidad.

    Disfrutar y digerir el silencio, los pensamientos. Pausadamente. Porque no hay tiempo ahí afuera.

    Como una coda del día que se queda atrás, para siempre.

    Schumann, Sonata Op. 22, 2ºmov. Argerich. (Coda en el minuto 3:40)

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    Cajón de sastre

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  • ¿Porqué “Los pasos perdidos”?

    23 de agosto, 2011

    Escrito por: ant

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    Porque quizá, todo podría haber sido de otra manera.

    Las decisiones.

    Las no-decisiones.

    El dejar estar.

    La pereza.

    Las circunstancias.

    Y miro atrás. En el tiempo.

    Hay tantos pasos perdidos.

    [...]

    Porque hay un libro de Alejo Carpentier, “Los pasos perdidos”, que compré hace unos años, de casualidad, en una librería de libros antiguos y usados (de esas en las que puedes oler el paso del tiempo)  y tras leerlo hay algunos pasajes que a veces, así de repente, me han venido a la mente en determinadas circunstancias.

    La rutina.

    “Había grandes lagunas de semanas y semanas en la crónica de mi propio existir; temporadas que no me dejaban un recuerdo válido, la huella de una sensación excepcional, una emoción duradera; días en que todo gesto me producía la obsesionante impresión de haberlo hecho antes en circunstancias idénticas -de haberme sentado en el mismo rincón, de haber contado la misma historia, mirando al velero preso en el cristal de un pisapapel. Cuando se festejaba mi cumpleaños en medio de las mismas caras, en los mismos lugares, con la misma canción repetida en coro, me asaltaba invariablemente la idea de que esto sólo difería del cumpleaños anterior en la aparición de una vela más sobre un pastel cuyo sabor era idéntico al de la vez pasada.”

    Alejo Carpentier, “Los pasos perdidos”

    La belleza. Mirar.

    “Ninguna coreografía humana tiene la euritmia de una rama que se dibuja sobre el cielo. Llego a preguntarme a veces si las formas superiores de la emoción estética no consistirán, simplemente, en un supremo entendimiento de lo creado. Un día, los hombres descubrirán un alfabeto en los ojos de las calcedonias, en los pardos terciopelos de la falena, y entonces se sabrá con asombro que cada caracol manchado era, desde siempre, un poema.”

    Alejo Carpentier, “Los pasos perdidos”

    La soledad, el tiempo libre. (De lo peligroso que es quedarse a solas con uno mismo).

    “…era la primera vez, en once meses, que me veía solo, fuera del sueño, sin una tarea que cumplir de inmediato, sin tener que correr hacia la calle con el temor de llegar tarde a algún lugar. [...] Nada me apuraba y, por lo mismo, me sentía el objeto de una vaga amenaza.”

    Alejo Carpentier, “Los pasos perdidos”

    En “Los pasos perdidos” hay un viaje. Un viaje que será un reencuentro con (o un descubrimiento de) “la vida”. Aunque eso de “la vida”, obviamente, para cada persona puede y debe significar algo distinto. Quizá este mundo lleno de oficinas, de economía ficticia, de especulación, de gente que va y que viene, de rostros ausentes, de horas de trabajo para poder tener un salario y sobrevivir no sea tan “natural” como creemos que es. (Léanse las definiciones de la RAE para la palabra “natural”.)

    Pero estamos aquí.  

    Y debemos caminar.

    Dice Baricco, en “Esta historia”:

    “Y por primera vez, aunque de una manera confusa, intuyó que todo movimiento tiende a la inmovilidad y que sólo es hermoso el caminar que lleva hasta uno mismo.”

     

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    Alejo Carpentier, Los pasos perdidos

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